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Mientras Bruce Miller remaba su tabla de surf cerca de la costa norte en Auckland, Nueva Zelanda, de la superficie del agua se asomaron una aletas negras pertenecientes a una ballena asesina bebé. La curiosidad venció a Miller quién se sumergió inmediatamente para echar un vistazo más de cerca cuando descubrió que las otras aletas pertenecían a la gigantesca mamá Orca. Una escena maravillosa pero al mismo tiempo escalofriante debido a la fuerza de estos animales. Afortunadamente, usualmente las ballenas asesinas no presentan un riesgo directo para gente nadando, en tablas o embarcaciones, con la excepción de orcas en cautiverio.

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